LE LLAMAN “EL VISIONARIO DEL SIGLO XXI” Y ES, QUIZÁ, LA PERSONA MÁS AVENTURERA DEL PLANETA. ALGUNOS DICEN QUE, EN REALIDAD, ELON MUSK BUSCA CAMBIAR AL MUNDO Y, DE PASO, HACER NEGOCIOS MILLONARIOS. EL CEO DE TESLA ES TAMBIÉN EL PRIMER HOMBRE EN PONER UN AUTOMÓVIL EN ÓRBITA. PERO, POR ALGUNA RAZÓN, ESTE GENIO TECHIE, UN DÍA, PUSO SUS OJOS EN MÉXICO. Y DECIDIÓ ANUNCIAR AQUÍ QUE BUSCARÁ LOS MEDIOS PARA LLEVAR HUMANOS A MARTE EN EL 2024. SERÁ EL MAYOR HITO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, SI ES QUE LO LOGRA.

La escena sucede durante la tarde del 27 de septiembre de 2016, en el auditorio principal de Expo Guadalajara, Jalisco. Desde horas antes, cientos de expertos en aeronáutica, científicos, estudiantes, em- presarios y hasta fans del CEO de SpaceX y Tesla hacen fila para mirar a este persona- je que lo mismo invierte en tecnología para conquistar el cerebro humano, que en re- cursos para explorar la galaxia.

El despegue de la más ambiciosa aven- tura de Musk aparece en las pantallas. Se llama Sistema de Transporte Interplaneta- rio. Él, vestido formal y con un ralo bigote, comienza una charla de 95 minutos con la preocupación existencial sobre el futuro a largo plazo de nuestro planeta y la necesi- dad de establecer una civilización más allá de sus fronteras para salvaguardar a la es- pecie humana. “Podemos permanecer en la Tierra esperando una extinción final o con- vertirnos en una especie multiplanetaria”, le dice a su público.

Así, en la llamada Perla Tapatía, Musk deja con la boca abierta a varios. Presenta un plan detallado que culmina con la ima- gen de una súper nave espacial totalmente reutilizable que podría transportar de 100 a 200 pasajeros y su equipaje al planeta veci- no. La pregunta fundamental para entender lo que se ha vivido ese día no es cómo hará este hombre para alcanzar Marte, sino por qué escogió a México para presentar la ini- ciativa más titánica de su vida.

¿QUÉ VIO MUSK EN MÉXICO?

La actividad aeroespacial de México comenzó en 1957, el mismo año en que la Unión Soviética envió el primer satélite artificial al espacio: el Sputnik 1. El 28 de diciembre, investigadores de la Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) lanzaron un cohete con fines científicos. Con una longitud de 1.7 metros y un peso de ocho kilogramos, el Física 1 alcanzó una altura de 2,500 metros.

Meses después, entre 1959 y 1960, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), bajo la dirección del ingeniero Walter Cross, lanzó los cohetes SCT1 y SCT2. Las pruebas de ambos artefactos demostraron la factibilidad de crear cohetes con tecnología propia, mismas que impulsaron la creación de la Comisión Nacional del Espacio Exterior (Conee) en esa década; de ahí nació una familia de cohetes de propelente sólido llamados Mitl. A pesar de los esfuerzos, en 1977 el presidente José López Portillo decretó la disolución de la Conee; se cree que las razo- nes fueron el poco interés del gobierno, falta de recursos económicos y, sobre todo, una importante fuga de cerebros.

Hoy, profesores y alumnos del Tecno- lógico de Monterrey, Campus Guadalajara, buscan conquistar el espacio. Desde hace tres años, con apoyo de la Agencia Espacial Mexicana (AEM) delinean el proyecto SpaceShip Tec21, para “consolidar un programa espacial mexicano”, cuenta su líder, Elliot Enrique Cortés Reyna. Ser el centro logístico de lanzamiento de cohetes de México es su objetivo. “Y de esa manera crear un lugar donde se conjuguen proyectos, se comparta tecnolo- gía y se desarrollen personas”, expone.

El cohete, ideado en su totalidad en esta institución, cuenta con un sistema de telemetría para transmitir datos desde el espacio. El fuselaje, la lanzadera, el sistema de recuperación y el motor también han sido probados y diseñados en el laboratorio instalado en la universidad. Ya se perfila como uno de los proyectos más sólidos en esta casa de estudios, con la creación del Programa de Investigación Aeroespacial (PIA).

“Estamos construyendo un programa de investigación global que involucre las misiones científicas, académicas y sociales”, cuenta Neftalí Sánchez, estudiante de Ingeniería Mecánica Administrativa, a quien sus colegas consideran “el corazón” del proyecto. Para él, México tiene la oportunidad de llegar muy lejos porque ya hay mucha investigación que los respalda; sin embargo, piensa que aún hay mucho escepticismo. “Hace diez años –reflexiona– podría verse como un sueño, pero ahora es real. El espacio exterior se ve como algo inalcanzable y la verdad es que está a unos kilómetros”.

Además de SpaceShip Tec21, existen varios esfuerzos que buscan llevar a México a la gloria espacial. Uno de ellos es el diseño de otro cohete, de la mano de la Universidad Autóno- ma de San Luis Potosí y con apoyo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

La creación de cohetes en México responde a los objetivos de la AEM. En 2017, el país lanzó su plan Órbita 2.0., en el que delinea un programa para posicionarse en el sector aeroespacial. Los puntos medulares de este plan contemplan la creación de proyectos innovadores para capitalizar la presencia de una industria especializada complementaria al sector espacial, como cohetes espaciales y nanosatélites, la cual podría alcanzar un valor de mercado de 1,000 millones de dólares para 2020.

EL COHETE DEL TEC

La elección de Elon Musk para presentar este ambicioso proyecto en México no es casualidad. Desde hace tres décadas, Guadalajara es la segunda capital tecnológica de América del Norte, después de Silicon Valley, California. Ahí están instaladas firmas como Cisco, HP, IBM e Intel. Esta ciudad comenzó con maquilas –las famosas líneas de ensamble– y ahora es un núcleo de innovación. También fue elegida por Oracle en 2010 para crear un campus en América Latina. En el plano nacional, en 2015, Jalisco fue el primer estado en contar con una Secretaría de Innovación, para atender al sector emprendedor y crear un ecosistema que permita conectar a instituciones universitarias, centros de investigación, iniciativa privada, inversionistas y academia.

Y no es un polo aislado. En México, “sectores emergentes de mayor articulación productiva y valor agregado, como el aeroespacial, han mostrado un crecimiento cercano al 40 % en su valor de la producción en los últimos cinco años, superando a las industrias manufactureras, como la automotriz, y aquellas relacionadas con los derivados del petróleo, además de ser considerado como sector prioritario en la cuarta parte de las 32 enti- dades federativas”, señala el libro Innovación y competitividad en sectores estratégicos, editado por la Universidad Autónoma de Guerrero.

En esta región americana, Musk sabe que hay músculo aeroespacial. Datos presentados en el Farnborough International Airshow (FIA) 2018 celebrado en Reino Unido, muestran que el crecimiento de este sector en la República Mexicana es mucho mayor que otros. Por ejemplo, la llegada de empresas como Bombardier hace diez años a Querétaro detonó el crecimiento en esta zona. Actualmente,existen 330 empresas en más de 18 estados del país que desarrollan piezas de manufactura avanzada para firmas como Boeing, Airbus, Rolls Royce y General Electric. Sin embargo, la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (Femia) asegura que más allá de la compra de piezas, que en el último año creció a una tasa promedio anual del 11.2 % y rebasó los 7,000 millones de dólares, la industria aeroespacial nacio- nal está dejando su huella en el aire con tecnología hecha en México.

Muestra de este ascenso e interés in- ternacional es el ranking “Ciudades Aeroespaciales del Futuro 2018-2019”, ela- borado por la unidad de inteligencia del periódico británico Financial Times, según el cual Mexicali y Querétaro se ubican en el top 10 mundial dentro de las localidades con mejor desempeño en atracción de inversión aeroespacial. Por su parte, Chihuahua se sitúa dentro de las diez primeras ciudades a nivel global de este mismo estudio, en cuanto a estrategia de atracción de inversiones y competitividad de costos en esta industria. ¿Por qué México está despuntando en esta industria?

EL VALOR DE LOS NANOSATÉLITES

La exploración espacial activa la economía de un país, debido a que, por medio de la investigación y desarrollo, se crean patentes que luego son explotadas por las empresas. “En el pasado esta actividad era propia de los gobiernos; sin embargo, ahora es diferente, ya que actualmente diversas empresas están explotando comercialmente las actividades espaciales”, explica José Ramón Rivera, docente del Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav), en “La exploración espacial: una oportunidad para incrementar el poder nacional del Estado mexicano”, publicado por la Secretaría de Marina.

En dicho documento, Rivera asegura que México tiene una “gran fortaleza” para impulsar la exploración espacial y puede apoyarse en las relaciones que tiene con otros países líderes en esta área. También señala que dicha exploración puede incrementarse notablemente si se cuenta con satélites artificiales propios. Un sector en el que destaca es el desarrollo de nanosatélites, conocidos como Cubesats.

Francisco Javier Mendieta, director general de la AEM, piensa que la miniaturización de la tecnología abre un nicho de oportunidades para sumarse con tecnología propia y competitiva a la carrera espacial. “Sistemas muy grandes, costosos y con gran riesgo, evolucionan hacia plataformas, puentes, satélites y naves de menor tamaño. Y México tiene la oportunidad de entrar al campo de los satélites más pequeños, que se construyen de manera más rápida y barata, con menos riesgo”, asegura.

En 2019 será lanzado al ciberespacio el primer nanosatélite con diseño 100 % mexicano, nombrado AztechSAT 1. La NASA y la AEM crean este cubo de 10 centímetros que se espera pueda comunicarse con la constelación Globalstar, que se ubica a 1,400 kilómetros de la Tierra. Será liberado en la Estación Espacial Internacional y se unirá a la red de nanosatélites de la firma de comunicaciones.

Una de las principales barreras de las misiones Cubesat es la baja disponibilidad de cohetes para ponerlos en órbita. El tiempo de espera para lanzar un nanosatelite puede ser de hasta dos años y los costos rondan los 100,000 dólares por kilogramo. Se trata, entonces, de un amplio nicho de oportunidad para los cohetes de pequeña envergadura mexicanos.

INDUSTRIA PROMETEDORA

Otro sector importante en México es el de los aviones, cuya demanda va en aumento. La Secretaría de Economía pone como ejemplo el pedido “histórico” que NetJeets le hizo a Bombardier Space en 2013. Se tra- tó de 100 jets de negocios Challenger, con opción a 175 aviones. “La transacción incrementó automáticamente los niveles de producción de la fabricante canadiense en su planta de Querétaro, cuyo clúster recibió el año pasado 82 millones de dólares de In- versión Extranjera Directa (IED)”, informa la dependencia en un comunicado.

En esa región está el Centro Nacional de Tecnologías Aeronáuticas (Centa), inaugurado este 2018, y donde ya se prepara un plan para levantar el vuelo de una aeronave, con materiales innovadores y con el sello de “Hecho en México”. Horizontec tiene a su cargo este proyecto. Es una empresa mexicana dedicada al diseño, desarrollo y fabricación de aeronaves ligeras y deportivas, hechas con madera, fibra de carbono y otros materiales ligeros. Su director es Giovanni Angelucci, experto italiano en aeronáutica que llegó a México en 2013. Fue entonces que comenzó a desarrollar su primer prototipo: el Halcón 1, o H1, con apoyo del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (Concyteq), la Universidad Aeronáutica en Querétaro (Unaq) y la Secretaría de Economía. El H1 sirve de modelo en el Centa para los ingenieros mexicanos y para el desarrollo de otra nave, llamada H2, que sería el primer avión de manufactura mexicana. Se espera que H2 salga a la venta a finales de 2018. Hori- zontec espera fabricar 50 naves al año en la próxima década.

Para la Femia y la Secretaría de Economía, el sector aeroespacial es estratégico en el desarrollo de México y tiene ventajas, con respecto a otras economías. Una es su cercanía con Quebec y Seattle, dos de los principales centros de desarrollo de tecnología aeroespacial. Lo que se debe hacer, dicen, es aprovechar el “entorno favorable” que está viviendo, “implementando las mejores prácticas internacionales”. Con ello, sería posible que para 2020, México pase del 15 al décimo lugar mundial en ventas en el sector, genere más de 110,000 empleos y alcance exportaciones por arriba de los 12,000 millones de dólares. Así lo escriben en Pro-Aéreo 2012-2020. Programa estratégico de la industria aeroespacial.

FUENTES: FDI INTELLIGENCE, FDI’S AEROSPACE CITIES OF THE FUTURE 2018/2019, PWC: 2017 AEROSPACE MANUFACTURING ATTRACTIVENESS RANKINGS

INNOVACIONES 100% MEXICANAS

En ocho años, Querétaro, Baja California y Chihuahua jugarán un papel relevante en el rubro de manufactura aeroespacial, señala la Secretaría de Economía. Por su parte, la empresa de análisis KPMG destaca que México es el país más competitivo para la industria aeroespacial en América. De las más de 300 empresas dentro de este sector, 72% están involucradas en manufactura y 28 % en diseño, ingeniería y servicios de mantenimiento y reparación.

La Comisión de Pymes del Aeroclúster de Querétaro estima que en 2018 aumentarán entre 50 y 60% las exportaciones de las Pymes aeronáuticas y se proyecta una facturación de 30 millones dólares para 2025. Según la Asociación de Pymes Aeroespaciales (Aerosme’s), gracias a la exportación de Pymes y al mayor número de contratos con empresas establecidas en el país, estas firmas prevén lograr un crecimiento de 30% para 2018.

Una apuesta en este terreno la hizo Jatziri Barrios, egresada del Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro. Después de concluir su carrera viajó a Alemania para hacer un diplomado en aeronáutica. Al regresar a México, ocupó un puesto en el naciente Clúster Aeronáutico de Querétaro. Y más tarde se integró al negocio familiar, Especialistas en Turbopartes (ETU). Su conocimiento la llevó a innovar en el negocio, trabajo en el que contribuyó la aceleradora TechBA, patrocinada por la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec) y la Secretaría de Economía.

ETU Aeroespacial inició operaciones en 2010 con una celda de manufactura dedicada al procesamiento de turbopartes y otros componentes para la aviación, con máquinas de control numérico y una certificación para la norma AS 9100. Su reputación e innovación le permitieron ganar clientes de la talla de Airbus y Boeing. Para ello, demostró que existe un material duro como el acero, pero más ligero: el titanio. Para el Airbus A380, ETU fabrica una pieza de titanio como parte de su tren de aterrizaje. Los Boeing 737, 767, 777, llevan el bearing carrier para tren de aterrizaje, manufacturado por la misma empresa Especialistas en Turbopartes.

Otro de los inventos mexicanos que surcan los cielos es un tipo de súper acero para fabricación de anillos y turbinas de avión. Fue creado en los laboratorios de Frisa Forjados. Gracias al apoyo del Conacyt y con inyección de gas, lograron un tipo de acero más resistente y sin poros. Frisa Forjados usa matemáticas con el fin de reducir los tiempos de desarrollo en nuevos productos aeronáuticos. También diseñaron un algoritmo para predecir el tamaño de la forja de las piezas y componentes que ofrece. Este siste- ma está validado mediante la fabricación y caracterización de seis prototipos exclusivos para General Electric y Rolls Royce.

FUENTE: ESTIMACIONES DEL BANCO MUNDIAL.

FUENTE: SECRETARÍA DE ECONOMÍA 2017

FORMACIÓN, LA CLAVE

En una charla ofrecida en 2016 en México, en la misma reunión a la que asistió Elon Musk, Mike Gruntman, profesor de Ingeniería Astronáutica de la Universidad del Sur de California (USC), destacó la importancia del desarrollo de capital humano y la elaboración de políticas públicas enfocadas a la educación y el desarrollo de infraestructura en dichas áreas. “No puedes tener aplicaciones con tecnología espacial sin tener ingenieros y científicos altamente calificados”, expuso el especialista en el 67 Congreso Internacional de Astronáutica (IAC).

En México se encuentran unas 21 instituciones de educación superior, media superior y técnica en las que se ofrecen 52 programas de educación enfoca da en el área aeroespacial y de manufactura avanzada aplicada. Estos centros están en Baja California, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, así como Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Ciudad de México y Quintana Roo. Por su parte, el estudio Mexico’s Aerospace Industry Road Map, publicado por ProMéxico, reporta que 20 % de las necesidades del sector está enfocada en la formación de ingenieros e investigadores, un 34% en ingenieros de diseño y supervi- sores, además de 46 % para operadores, técnicos e inspectores.

¿Y a qué vino Elon Musk a la República Mexicana? La respuesta aún no puede ser respondida a cabalidad, aunque ya se pue- den ver algunas pistas. Meses después de su charla en Jalisco, en noviembre de 2017, este personaje, también conocido como “Iron man de la vida real”, lanzó una convocatoria para reclutar especialistas en robótica y otros procesos automatizados en este país. Ese mismo año, anunció que desarrollará en México un tren ultrarrápido que conectará la Ciudad de México con Guadalajara. Se trata del famoso Hyperloop, que fue presentado, en 2012, en California, un sistema de transporte en tubos, claramente pensado para la movilidad de urbes como Los Ángeles. Aquí se dice que será llamado Mexiloop y es sólo una muestra de lo que la capacidad visionaria de este empre- sario de origen sudafricano contempla para esta zona de Latinoamérica.